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Déjate sorprender





Sacrilegio desde este cuerpo, tuyo y mío
donde la ausencia temible es la tuya


No hay dudas aquí, sino miedo que hay que evitar entre nosotros


Yo te quiero de aquí a dios


Sombras narran nuestra consolación
                              Déjate sorprender.

de Primicia de huesos, 2012.

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Ana

Volvió a pasar por la calle decorada de luces y guirnaldas. Movía la cabeza para todos lados, y el miedo, entorpeciéndole las patas, la hacía ver como presa fácil. Su foto, pegada en los postes de luz y en las paradas de autobuses, prometía una recompensa. A duras penas, gracias a la llovizna que había desfigurado el mensaje, se podía leer con un poco de esfuerzo <<Se busca>>, y abajo, un número de teléfono. Pero Ana no sabía que era a ella a quien estaban buscando; no sabía leer. De haberlo sabido, hubiese llamado inmediatamente si estuviera en sus posibilidades, pero sabemos que no tiene esa posibilidad; por lo menos no todavía, en el futuro quién sabe con el avance de la tecnología.  La hoja con el mensaje, ya desfigurada por la llovizna (al instante en que Ana se sacudió y salió corriendo de nuevo entre las calles), iba a ser arrancada por los recolectores de basura que pasaban levantando la mugre del día; y así, sus esperanzas de ser encontrada se desvanecían en un...

Biografía

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río ( 2006); Primicia de huesos ( 2012); Inmolaciones ( 2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.

Dama de Noche

     Ahí, ahí, justo ahí, al lado de ese banco verde, estuve sentado durante largo rato, quizás dos o tres horas, ¡no!, quizás cuatro; sí, creo que cuatro, porque recuerdo que apenas se escondía el sol como siempre lo hace; y todos sabemos que el sol abandona nuestra vista como a las seis. Sí, justo a las seis comienza a ocultarse para alumbrar el otro lado de la Tierra. Estuve sentado con la cámara fotográfica justo al frente de la flor. Nunca la había esperado tanto rato (eso no sucede todo el tiempo); ahora la espero, listo para la foto.       La flor sólo abre de noche. No recuerdo cuántas veces se me encalambraron las piernas de estar sentado allí, con mi cámara, frente a frente. Según mi mamá, la flor abre y se oculta rapidito, y no vuelve a abrir más. Ahí permanecí sentado, no sé cuánto rato; ya me quejaba de mi ridícula espera. Es que nunca me ha agradado esperar y es por eso que no tengo novia, a la que iba a serlo no la esperé el día de l...