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Entradas

Biografía

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río ( 2006); Primicia de huesos ( 2012); Inmolaciones ( 2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.
Entradas recientes

Banten

          A las tres de la madrugada escuché la bulla. Estaba barnizando un seibó. Me apoderé de un martillo, apagué la luz y me asomé por la ventana. Observé la solitaria calle, oscura. Me quedé rato fisgoneando, no vaya a ser que unos malandros quieran robarme. Los hechos ocurrieron, lo sé, sin mucha lógica, pero mi vida no podría afirmar que sea común. Detesto los grupos, hablo poco y sólo salgo a la calle para comprar y vender madera. Soy carpintero. Me urge contar; no sé si estos rasgos tengan importancia para un cuento y tampoco me importa. Sólo quiero narrar cómo conocí a Banten. Escribir es la manera que ella me enseñó para desahogarme sin necesidad de hablarle al espejo. Relataré tal cual sucedieron las cosas, sólo pasaré por alto los hechos menos relevantes. Mi nombre es Sarmiento Álvarez. Mucha soledad se acumula en mí; vivo solo desde la muerte de mi madre, asesinada por el ejército en 1989, la tarde del estallido popular. Ecos de rab...

Ana

Volvió a pasar por la calle decorada de luces y guirnaldas. Movía la cabeza para todos lados, y el miedo, entorpeciéndole las patas, la hacía ver como presa fácil. Su foto, pegada en los postes de luz y en las paradas de autobuses, prometía una recompensa. A duras penas, gracias a la llovizna que había desfigurado el mensaje, se podía leer con un poco de esfuerzo <<Se busca>>, y abajo, un número de teléfono. Pero Ana no sabía que era a ella a quien estaban buscando; no sabía leer. De haberlo sabido, hubiese llamado inmediatamente si estuviera en sus posibilidades, pero sabemos que no tiene esa posibilidad; por lo menos no todavía, en el futuro quién sabe con el avance de la tecnología.  La hoja con el mensaje, ya desfigurada por la llovizna (al instante en que Ana se sacudió y salió corriendo de nuevo entre las calles), iba a ser arrancada por los recolectores de basura que pasaban levantando la mugre del día; y así, sus esperanzas de ser encontrada se desvanecían en un...

La Carta

       E n la primera semana de trabajo como administrador de la familia Hurtado, se me entregó un sobre para que lo llevara de una ciudad a otra. Según la vieja Simona, era algo urgente y no podía ser enviado por extraños. Ella me ha contratado como asesor de sus bienes, así que mi obligación es cuidar de su dinero. La vieja tiene la cara estropeada por la angustia de podrirse sola; piensa que todo el que se le acerca es para aprovecharse de ella. Es una mujer de ánimo desanimado. Su cara de vieja opaca su cuerpecito de adolescente. Yo tomaba el café que me ofreció, y escuchaba atento, observándole el rostro. Por lo escurrida de su piel, le calculo 50 años; sí, 50 años, creo que ella misma me lo dijo. Su voz es ronca y amable; su mirada, sudada y amarillenta. Cada frase la piensa bien. Al hablar, en sus ojos se asoman pajaritos, mariposas... Cuando Simona habla, se hace un ruido de jardín; es la mirada más hermosa que un ser humano puede tener. Anhui dice que la v...

Cuánto pesa un río

Un poema en un pálido papel borracho   La tierra que pisas   Una mujer   La calle   Su nombre   El interior de las palabras   La casa que habitas   Sentarse dentro de nosotros   Cuánto pesa un río   Los que se fueron   El más liquido sueño   Un estornudo   Viajes al Himalaya   Toda una vida   Entenderla   Mi boca   Un sonido largo en el tiempo   Cuánto pesa un río   La muerte                   Nuestro olvido. Cuánto pesa un río (2006)

Sobre recomendar libros

     “recuerda que tras de cada libro hay un ser humano que quiere decirte algo” Cesar Pavese.    El mensaje de un libro es una puerta cerrada: uno decide abrirla, entrar o resistirse. Cada vez que se lee, esa puerta va instituyéndose en tamaño, forma, sentido. Esa puerta, a medida que es pensada, analizada y contextualizada, va tomando sentido y nos expone ante el mundo. Después de cada lectura, uno puede amar u odiar al mundo, puede servirle al mundo o servirse de él. El libro es un objeto escrito por un sujeto que quiere participarte su visión del mundo desde la trinchera que lo ve y como lo cree. No es la verdad lo que está escrito en esas páginas que una vez fueron blancas e inocentes, porque, ya escritas, son balazos liricos con un serio propósito, al igual este escrito. El libro por sí sólo no transforma, no hace nada; puede más bien deformarse en las lenguas malintencionadas que, valiéndose del mensaje, se imponen a   los seres humanos para ...

La maldición de Malinche y el color carne

 En esta ciudad serpentea el río donde a diario se escurre un poco de nosotros. Un río que no le importa de dónde nace y a donde va. Un río que a veces se desborda y a todos nos hace correr, porque se nos olvida que esa mierda es nuestra. Un río que nos da asco pero que extrañamos. Esta ciudad puede ser otra, pero no queremos que sea otra, no queremos ser otros. La piel de esta ciudad huele a ron, mierda y panfleto. Su boca morbosa huele a nubes recién nacidas. Esta ciudad ama, maldice, pero no odia, el odio viene de otro lado. Esta ciudad decidió aceptar un nombre nuevo en 1567, decidió ser desquiciada para que sus sentimientos no se atrofiaran. Esta ciudad tolera a los que la desprecian a diario, y le ofrece sus montañas y buen clima. Los huesos de esta ciudad son melancolía viva. El mar y la montaña protegen a esta ciudad de los malos augurios. No hay quién pueda con esta ciudad. Esta ciudad sólo es entendida por ella misma. Esta ciudad está loca, y quien transita sus calles pie...