Ir al contenido principal

La maldición de Malinche y el color carne

 En esta ciudad serpentea el río donde a diario se escurre un poco de nosotros. Un río que no le importa de dónde nace y a donde va. Un río que a veces se desborda y a todos nos hace correr, porque se nos olvida que esa mierda es nuestra. Un río que nos da asco pero que extrañamos. Esta ciudad puede ser otra, pero no queremos que sea otra, no queremos ser otros. La piel de esta ciudad huele a ron, mierda y panfleto. Su boca morbosa huele a nubes recién nacidas. Esta ciudad ama, maldice, pero no odia, el odio viene de otro lado. Esta ciudad decidió aceptar un nombre nuevo en 1567, decidió ser desquiciada para que sus sentimientos no se atrofiaran. Esta ciudad tolera a los que la desprecian a diario, y le ofrece sus montañas y buen clima. Los huesos de esta ciudad son melancolía viva. El mar y la montaña protegen a esta ciudad de los malos augurios. No hay quién pueda con esta ciudad. Esta ciudad sólo es entendida por ella misma. Esta ciudad está loca, y quien transita sus calles pierde el juicio. La soberbia de esta ciudad es amable y mingona. A esta ciudad le gustan las leyes para romperlas y sentirse rebelde. A esta ciudad le gusta jugar con los sentimientos de todos, y los barrotes de su ego niegan que la mierda del río es suya, y se hace que olvida con facilidad para no sentirse culpable.




Entradas populares de este blog

Biografía

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río ( 2006); Primicia de huesos ( 2012); Inmolaciones ( 2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.

Ana

Volvió a pasar por la calle decorada de luces y guirnaldas. Movía la cabeza para todos lados, y el miedo, entorpeciéndole las patas, la hacía ver como presa fácil. Su foto, pegada en los postes de luz y en las paradas de autobuses, prometía una recompensa. A duras penas, gracias a la llovizna que había desfigurado el mensaje, se podía leer con un poco de esfuerzo <<Se busca>>, y abajo, un número de teléfono. Pero Ana no sabía que era a ella a quien estaban buscando; no sabía leer. De haberlo sabido, hubiese llamado inmediatamente si estuviera en sus posibilidades, pero sabemos que no tiene esa posibilidad; por lo menos no todavía, en el futuro quién sabe con el avance de la tecnología.  La hoja con el mensaje, ya desfigurada por la llovizna (al instante en que Ana se sacudió y salió corriendo de nuevo entre las calles), iba a ser arrancada por los recolectores de basura que pasaban levantando la mugre del día; y así, sus esperanzas de ser encontrada se desvanecían en un...

¿Acaso te importa si desaparezco?

Si alguna vez pudiera evaporar los abismos que me arropan, desenvolverme, entrar en ti leer tu idioma tus jeroglíficos purificarte en grandes llamaradas de humo, llevarte fuera de planos. Quizás moldee mi sombra mis pasos tu desnudez ¿acaso te importa si desaparezco? Algunas vez de pronto viva de pura gracia Diálogos de aire de espuma, me hospede en la memoria de las calles y no vuelva                    ¿acaso te importa si desaparezco? de Cuánto pesa un río, 2006