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Biografía

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río ( 2006); Primicia de huesos ( 2012); Inmolaciones ( 2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.

La maldición de Malinche y el color carne

 En esta ciudad serpentea el río donde a diario se escurre un poco de nosotros. Un río que no le importa de dónde nace y a donde va. Un río que a veces se desborda y a todos nos hace correr, porque se nos olvida que esa mierda es nuestra. Un río que nos da asco pero que extrañamos. Esta ciudad puede ser otra, pero no queremos que sea otra, no queremos ser otros. La piel de esta ciudad huele a ron, mierda y panfleto. Su boca morbosa huele a nubes recién nacidas. Esta ciudad ama, maldice, pero no odia, el odio viene de otro lado. Esta ciudad decidió aceptar un nombre nuevo en 1567, decidió ser desquiciada para que sus sentimientos no se atrofiaran. Esta ciudad tolera a los que la desprecian a diario, y le ofrece sus montañas y buen clima. Los huesos de esta ciudad son melancolía viva. El mar y la montaña protegen a esta ciudad de los malos augurios. No hay quién pueda con esta ciudad. Esta ciudad sólo es entendida por ella misma. Esta ciudad está loca, y quien transita sus calles pie...

¿Acaso te importa si desaparezco?

Si alguna vez pudiera evaporar los abismos que me arropan, desenvolverme, entrar en ti leer tu idioma tus jeroglíficos purificarte en grandes llamaradas de humo, llevarte fuera de planos. Quizás moldee mi sombra mis pasos tu desnudez ¿acaso te importa si desaparezco? Algunas vez de pronto viva de pura gracia Diálogos de aire de espuma, me hospede en la memoria de las calles y no vuelva                    ¿acaso te importa si desaparezco? de Cuánto pesa un río, 2006

Latidos

Pertenecemos al seno del tiempo, al acoso de puertas cerradas. **** ¿De dónde huye el río y de quién se oculta? ¿Cuánto río significa lo grande o lo pequeño? *** Sin ti, he aprendido de lo solo y lo                          olvidado: que he estado solo y olvidado. *** ¿Dónde declinas, río exorbitante en los días mendigos, cuando tu corazón es derribado en el sexo de una mujer? *** Cuando te fuiste, sólo cuando te fuiste se hicieron inaccesibles las estrellas.                                                                                                              ...

Lucas Battaglini

Es preferible suicidarse tarde que nunca, sin arrepentimientos, más que temprano, o nunca suicidarse, mejor. Lo conocí una tarde mordisqueada por la rutina literaria en un taller de poesía que asistíamos los dos. Practicamos fielmente la amistad, compartimos la duda de vivir. Él hablaba de una mujer lejana y yo contemplaba las que nos pasaban por el frente. Jugamos a los borrachos junto con Edgar, Luis, Estrella, Acuarela, Andrés Llenamos noches y días de dudas. Crecimos en la resignación En el desmedido desenfado de vivir en una ciudad. Abandonamos el juicio en azoteas llenas de botellas de licor junto con Malena, Geison, Vanessa, Steven, Mariana, Karen, Goyo, Paola Ah, nuestra graduación como poetas. La noche se tupía a cada instante de bajo autoestima, en tu corazón florecía oculta bajo tu ropa negra.  Nos desinteresamos por vivir sin sufrir Caímos en las lágrimas, brotamos de los ocasos sin precipicios Que compartas la m...

Déjate sorprender

Sacrilegio desde este cuerpo, tuyo y mío donde la ausencia temible es la tuya No hay dudas aquí, sino miedo que hay que evitar entre nosotros Yo te quiero de aquí a dios Sombras narran nuestra consolación                               Déjate sorprender. de Primicia de huesos , 2012.

Esta alba abre los brazos…

Esta alba abre los brazos y se deshoja; desde su aldaba cae en mí, desnuda, y, oculta su antigua lobreguez de pasos dados; ha de permanecer presente aquí, en este corazón que se ha considerado                              a su hermosura.