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Lucas Battaglini



Es preferible suicidarse tarde que nunca,
sin arrepentimientos, más que temprano, o
nunca suicidarse, mejor.

Lo conocí una tarde mordisqueada por la rutina literaria
en un taller de poesía que asistíamos los dos.

Practicamos fielmente la amistad, compartimos la duda de vivir.
Él hablaba de una mujer lejana y yo contemplaba las que nos pasaban por
el frente.

Jugamos a los borrachos junto con Edgar, Luis, Estrella, Acuarela, Andrés
Llenamos noches y días de dudas.

Crecimos en la resignación
En el desmedido desenfado de vivir en una ciudad.

Abandonamos el juicio en azoteas llenas de botellas de licor junto con
Malena, Geison, Vanessa, Steven, Mariana, Karen, Goyo, Paola
Ah, nuestra graduación como poetas.
La noche se tupía a cada instante de bajo autoestima, en tu corazón florecía oculta bajo tu ropa negra. 
Nos desinteresamos por vivir sin sufrir

Caímos en las lágrimas, brotamos de los ocasos sin precipicios



Que compartas la mesa de vino con Baudelaire, que te haya servido de algo
abandonar esta maltratada tierra.

Aún creo, y, pienso que si
hubieses esperado, un poco, resistido el giro de la ruleta que estaba por
darse y quizás me estoy mintiendo y ese giro no existe y todo es igual;
pero qué tal si el giro existe; y, es tan maravilloso
que no nos damos cuenta, aún
tengo optimismo
ves, hubo también otro camino.


de Primicia de huesos, 2012.

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¿Acaso te importa si desaparezco?

Si alguna vez pudiera evaporar los abismos que me arropan, desenvolverme, entrar en ti leer tu idioma tus jeroglíficos purificarte en grandes llamaradas de humo, llevarte fuera de planos. Quizás moldee mi sombra mis pasos tu desnudez ¿acaso te importa si desaparezco? Algunas vez de pronto viva de pura gracia Diálogos de aire de espuma, me hospede en la memoria de las calles y no vuelva                    ¿acaso te importa si desaparezco? de Cuánto pesa un río, 2006

Cuánto pesa un río

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¿Dónde te has ido?

Vi cuando mordías la noche venciéndola, ocultando tu sombra Tus dientes malignos tallan en mis pupilas tu rostro Te busco debajo del sueño pulcro, tanteando las escaleras buscando tus pies Me levanto y no estás Se agotó el café y el pan duro, y aún las golondrinas carcajean en las noches ¿A qué juegas soledad?                               ¿Dónde te fuiste? de Cuánto pesa un río , 2006.