Ir al contenido principal

Latidos



Pertenecemos al seno del tiempo,
al acoso de puertas cerradas.



****



¿De dónde huye el río y de quién se oculta?

¿Cuánto río significa lo grande o lo pequeño?



***

Sin ti, he aprendido de lo solo y lo
                         olvidado: que he estado solo y olvidado.



***

¿Dónde declinas, río exorbitante
en los días mendigos, cuando
tu corazón es derribado
en el sexo de una mujer?



***



Cuando te fuiste, sólo
cuando te fuiste se
hicieron inaccesibles
las estrellas.

                                                  

                                                                   ***




Donde muere tu voz nace el viento.

***



Las resignaciones hacen que camine en
círculos, que me conforme con lo
poco creyéndome lo mucho.



***





Una mujer sola es
capaz de morderse
la espalda.



***



La esperanza es
nuestra vil resignación.



***



Dónde ir, si los
caminos por la
punta se bifurcan y
por la cola dan vueltas.




***



El alba cae cada mañana, amargamente busca la permanencia.


***

¿Estar bien requiere, también, complacer a los otros?




***

¿Qué alba es esa, aquella itinerante, que
persiste en mi permanencia futura?

Eres lo más intensa, el más duro vivido,
del recuerdo prolongado presente.


de Primicia de huesos, 2012.


Entradas populares de este blog

Biografía

Jairo Prieto Macías (Ocumare del Tuy, Venezuela, 1987) es editor, poeta y narrador. Cursó estudios de Comunicación Social y Literatura. Participó en diversos encuentros literarios en distintas regiones de Venezuela. Como facilitador, ha impartido talleres de creación literaria en las modalidades de cuento y poesía. Ha publicado los poemarios Cuánto pesa un río ( 2006); Primicia de huesos ( 2012); Inmolaciones ( 2020), siendo traducida al portugués y al francés e incluida en antologías latinoamericanas. Además, ha incursionado en el ámbito audiovisual, realizando guiones cinematográficos para cortometrajes de ficción y documentales.

Ana

Volvió a pasar por la calle decorada de luces y guirnaldas. Movía la cabeza para todos lados, y el miedo, entorpeciéndole las patas, la hacía ver como presa fácil. Su foto, pegada en los postes de luz y en las paradas de autobuses, prometía una recompensa. A duras penas, gracias a la llovizna que había desfigurado el mensaje, se podía leer con un poco de esfuerzo <<Se busca>>, y abajo, un número de teléfono. Pero Ana no sabía que era a ella a quien estaban buscando; no sabía leer. De haberlo sabido, hubiese llamado inmediatamente si estuviera en sus posibilidades, pero sabemos que no tiene esa posibilidad; por lo menos no todavía, en el futuro quién sabe con el avance de la tecnología.  La hoja con el mensaje, ya desfigurada por la llovizna (al instante en que Ana se sacudió y salió corriendo de nuevo entre las calles), iba a ser arrancada por los recolectores de basura que pasaban levantando la mugre del día; y así, sus esperanzas de ser encontrada se desvanecían en un...

¿Acaso te importa si desaparezco?

Si alguna vez pudiera evaporar los abismos que me arropan, desenvolverme, entrar en ti leer tu idioma tus jeroglíficos purificarte en grandes llamaradas de humo, llevarte fuera de planos. Quizás moldee mi sombra mis pasos tu desnudez ¿acaso te importa si desaparezco? Algunas vez de pronto viva de pura gracia Diálogos de aire de espuma, me hospede en la memoria de las calles y no vuelva                    ¿acaso te importa si desaparezco? de Cuánto pesa un río, 2006